La deuda pública de Chile: ¿Pandemia prevenible?

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Chile necesita con urgencia reflexionar cómo prevenir esta “pandemia” de deuda pública, y eso pasa por vacunarse contra el populismo.

El coautor de este artículo es el ingeniero comercial y magíster en Economía de la UC, Alejandro Guin-Po.

Las finanzas públicas tienen dos dimensiones. Una es la del flujo, que se refiere a los superávits o déficits que incurren los gobiernos de los países dependiendo de sus niveles de ingresos y gastos, y otra es la de stock, que se refiere a la deuda.

¿Cómo se relacionan estos conceptos? Precisamente, la acumulación de los déficits genera el crecimiento de la deuda pública a lo largo del tiempo. ¿Por qué es un problema?

El tema del excesivo endeudamiento de los gobiernos del mundo está atado a la crisis sanitaria que se vive en la actualidad. Desde que los gobiernos salieron en auxilio de empresas y personas para paliar la situación económica originada por el combate de la pandemia, se comenzó a hablar del eventual problema de deuda pública que se venía.

Adicionalmente, la pandemia también redujo notoriamente los ingresos fiscales, haciendo que los déficits fuesen cada vez mayores.

Chile no ha estado ajeno a este peligro. A las medidas económicas para paliar la crisis actual se agrega las promesas de los candidatos presidenciales, algunas de las cuales son muy complejas de costear tanto en el corto como en largo plazo.

Pero ¿es tan peligrosa la mayor deuda de los gobiernos provocada por la pandemia? Algunos plantean que son simplemente exageraciones, pero veamos qué dicen los fríos números.

Sostenibilidad de la deuda pública

La deuda es sostenible en la medida en que los flujos futuros de superávits fiscales primarios puedan financiar los intereses de la deuda en un horizonte de muy largo plazo.

El superávit primario es la diferencia entre los gastos corrientes del gobierno y la correspondiente recaudación de impuestos. Si los gastos son inferiores a los ingresos públicos (sin contar los pagos de intereses de la deuda pública) tendremos superávit primario. De lo contrario, habrá déficit primario (1).

Dicho de otra forma, un país puede mantener una razón deuda a PIB hasta el final de los tiempos en la medida en que los superávits primarios como porcentajes de la deuda sean capaces de pagar los intereses corregidos por el crecimiento del PIB.

Denominando b como la razón de la deuda a PIB que se desea mantener en el largo plazo, r la tasa de interés, γ la tasa de crecimiento del PIB, T la recaudación fiscal a PIB y G los desembolsos del gobierno a PIB, se obtiene:

b(r-γ)=T-G

De esta forma, un cálculo sencillo sería el siguiente: el pago de intereses de la deuda a PIB en el largo plazo descontando el crecimiento de la economía debe ser igual al superávit primario de largo plazo.

Proyecciones del FMI sobre deuda pública a PIB

El FMI proyecta para Chile una razón deuda a PIB de 42% para el 2024. Si suponemos que esa es la deuda que se mantendrá a futuro, con una tasa de interés de 3% y una tasa de crecimiento de la economía de 2,5%, entonces los futuros gobiernos deberían generar un superávit primario) en torno al 0,21% del PIB de forma permanente (es decir, para siempre, aunque pueden fluctuar deben aproximadamente alcanzar ese monto para que el valor presente iguale el valor de la deuda).

No parece un esfuerzo muy grande, ¿o sí?

El superávit y déficit primarios

En la siguiente figura se muestra la situación fiscal de Chile previa al covid, a partir del 2009 cuando se quebró la regla fiscal (2). El déficit fiscal primario promedio entre el 2009 y el 2019 fue de -1,2%. Es decir, desde que se dejó de cumplir la regla, los superávits fiscales han sido en promedio negativos.

Superávit primario como % del PIB

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Fuente: Elaboración propia con datos del FMI.

Con todo, si este escenario prevaleciera a futuro, no se podría sostener una deuda fiscal a PIB de 42%, a menos que la tasa de crecimiento superara largamente la tasa de interés.

Esto último parece difícil, ya que hemos estado viviendo una época de tasas excepcionalmente bajas y gracias a los bajos niveles de deuda que tenía la economía chilena a premios por riesgos muy bajos. Por otra parte, las proyecciones de crecimiento a partir del 2022 no se ven tan auspiciosas.

¿Es factible este escenario para la deuda pública?

Una pregunta válida en el actual contexto social y político es ¿será posible para Chile sostener superávits fiscales promedio de 0,32%? De los últimos once años, nueve son de déficit y solamente dos de superávit. Se ve difícil.

Más aún, si el populismo que ronda en los discursos políticos se materializa o si las consecuencias de la pandemia se extienden y lleva al promedio de deuda al nivel de los países emergentes, la situación se torna más grave aún.

El promedio de deuda de los países emergente es de 70%. Con ese nivel de deuda es difícil que nos sigan prestando al 3%, probablemente la tasa sería del orden de 5% (va a depender de las condiciones de mercado y de si somos capaces de mantener el crecimiento o elevarlo).

Manteniendo, la tasa de crecimiento en 2,5%, entonces, el superávit primario necesario para sostener la deuda será de 1,75%.

Sin duda sería un cambio brusco de escenario. Chile necesita con urgencia reflexionar cómo prevenir esta “pandemia de deuda” y eso pasa por vacunarnos contra el populismo.

Recuerde que los que no están representados en una elección de las autoridades políticas hoy son las generaciones futuras, quienes tendrán que pagar los servicios de la deuda que adquiramos hoy.

Referencias:
(1) Superávit primario, economipedia.com.
(2) La regla de balance estructural chilena, conocida como regla fiscal, consiste en imponer a la formulación y ejecución presupuestaria la obligación de fijar el nivel de gastos totales en un nivel tal que el balance estructural del sector público sea equivalente a un mismo porcentaje del PIB en todos los años, que fue inicialmente de 1% al actual 0% del PIB. Esto significa que, cumpliendo esta regla, el balance efectivo será menor a 0% del PIB cuando las condiciones cíclicas sean desfavorables y superior a 0% del PIB cuando las condiciones cíclicas sean favorables al presupuesto fiscal. Fuente: Ministerio de Hacienda, Chile.

 

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